Por qué merece la pena un diario del dolor
El dolor crónico es invisible. Llega en brotes, cambia de lugar, de intensidad y de carácter, y precisamente eso lo hace tan difícil de explicar en la consulta. Quien depende de la memoria subestima las fases buenas y olvida las malas. Un registro fija el historial mientras aún está reciente.
Con el diario del dolor anotas cada día cuánto dolía, en una escala de 0 a 10, dónde estaba el dolor, de qué tipo era y qué lo acompañó. La zona la marcas directamente en un mapa corporal de cuatro vistas, y una lupa ayuda con las áreas pequeñas. Una foto por entrada y un recordatorio diario evitan que quede algún hueco. En el resumen semanal ves de un vistazo cómo se relacionan los días entre sí.
En la cita médica presentas el dossier en PDF ya listo: cronológico, con los valores de intensidad y el mapa corporal. En lugar de una estimación aproximada, la persona que te atiende dispone de datos reales. Y todas las entradas permanecen en tu dispositivo: sin cuenta, sin servidor, sin nube. Los datos de salud son sensibles y no son asunto de nadie más que de ti.