Los arañazos que ya estaban
Entras en un piso nuevo. El parquet tiene unas cuantas marcas, no le das importancia y no haces fotos. Tres años después, al irte, el casero señala justo esas zonas y te pide 600 € por pulir el suelo. Sin fotos del día que entraste, tu palabra vale lo mismo que la suya.
Las lecturas de contadores que nadie verificó
La entrega es rápida. Intercambio de llaves, firma en un papel y listo. Seis meses después llega la regularización de gastos: 400 € a pagar. Figura una lectura del inquilino anterior, pero ya no puedes comprobar si era correcta.
La carta a los cinco meses
Ya te mudaste hace tiempo y del casero, silencio. Justo antes de que venza el plazo legal, llega un burofax con una lista de supuestos daños. Sin un acta de entrega de la salida, no tienes con qué rebatirlos.
Las tres historias siguen el mismo patrón: sin documentación, pierdes tú. Con fotos, lecturas de contadores y firmas al entrar y al salir, el dinero se queda donde tiene que estar: en tu bolsillo.